Uff, 06:30 de la mañana y el reloj suena, y suena y vuelve a sonar. Estamos dormidos, ultra dormidos y hay que levantarse. La ducha a esta hora no parece tentadora pero es necesaria para poder comenzar a abrir un ojo, y luego el otro.
Con ambos ojos abiertos me aseguro de que la papa de mi hja quede bien, con la leche y el cereal que necesita y no al revés, como algunas veces a pasado.
El tema es que entre la ducha, la papa, , vestirme, vestirla a ella, "asesorar" a mi marido con la corbata del día y darme vueltas, vueltas y más vueltas, ya me dieron las 08:30 y otra vez debo salir corriendo; obviamente con la cara más pálida que pantruca e intentando ponerme algo de color arriba del auto mientras esquivo al transantiago que a esa hora más parece una lata de sardinas.
Ok, ya deje a la chica en su sala cuna y vuelo a la oficina. Debo cumpli con mil cosas y no sé por dónde comenzar (raro pero es el tema de todos los días).
Y resulta que cuando logro tener algo de paz, a eso de las 5 de la tarde, me doy cuenta que debo voloar nuevamente, ir a buscar a la chica a la sala cuna, llegar a mi casa que más parece campo de batalla, cocinar, jugar, ayudarla a dar sus primeros pasos, regalonear con mi marido, mirarme al espejo para ver que ya no tengo la cara de hace 5 años y dejarme querer.
Si logro dormir como angelito antes que el reloj suene nuevamente, podré decir que mi dia va a comenzar con otro afán distinto, pero que al final termina siempre en el mismo. Me creo la súper woman: soy mamá, pareja, compañera, profesional, dueña de casa...
Soy igual a todas, pero distinta a la vez.
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