Hago un alto, respiro profundo y vuelvo a tomar ánimos hasta que la jornada termine.
Es que nadie dijo que era fácil compatibilizar los roles y pucha si es complicado...
Estoy en medio de una reunión, y a la vez pensando que es hora de almuerzo y que mi niña debe estar comiendo ¿habrá comido rico? ¿le habrá gustado la fruta que le dejé? Y sigo hablando, enmiscuyéndome en una reunión en la que tengo puesto la mitad de mi cerebro...la otra sigue con mi hija.
Y pucha que desgasta. Pero dicen que las mujeres tenemos la capacidad de hacer dos cosas a la vez (eso de caminar y mascar chicle, por ejemplo) y es verdad. Al final del día me doy cuenta que la pega está hecha y estuvo bién. Que mi hija está contenta y que sí , le gustó la fruta y que cada día me recibe con un abrazo y un beso jugoso propio de su año recién cumplido.
Ahí el descanso, el merecido alto que me permite mirar lo que tengo, sentirme amada infinitamente, contenta por otro dia, dichosa por los abrazos de mi marido y profundamente agradecida.
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